domingo, 23 de marzo de 2014

Celebrando la vida

Las aves mantienen su vuelo constante durante todo el día y siempre vuelven a casa al llegar la noche. 
En definitiva, la naturaleza sabe bien cuando detenerse y cuando es seguro avanzar. 
Pero si algo hemos de admirar es la manera en cómo por intuición una a una se agrupan en el mismo lugar para despedir la tarde y manteniéndose juntas reciben los últimos rayos de sol.
Jamás me cansaría de verlas. Nos enseñan a darle vital importancia a lo que muchas veces creemos cotidiano. 

Ahora creo que buscar compartir el atardecer de un domingo es casi como asegurar el inicio de una buena semana. 

Si mantenemos nuestro vuelo constante y comenzamos por la mañana celebrando la vida, tendremos razones suficientes para sonreír y soñar despiertos durante el día. 
Y cuando anochezca, sabremos que ha valido la pena despertar.



Fotografía: Alex Espinosa